14 may. 2013

Postdata:os quiero


Conocemos la justicia como a aquella virtud de dar a cada uno lo que merece o corresponde y vivimos influenciados en parte por ella a pesar de que si miramos a derecha e izquierda es difícil encontrarla…

Justicia penal, justicia divina, justicia individual, justicia social…Hambre, maltrato, Palestina, abusos, Urdangarín, menores desatendidos, mayores desamparados, Sahara, perdidas de personas que aún les quedaba mucho por vivir, lagrimas, mendicidad, desahucios, asaltos….son solo una parte de las cosas que nos recuerda que la justicia NO está en todas partes.

Nos rompemos la cabeza preguntándonos: ¿por qué me pasa esto a mí? y es cierto que muchas veces la causa de lo malo que nos ocurre somos nosotros mismos, pero en muchas otras ocasiones…no es así. Repito: la justicia no está en todas partes.

Hay vidas que hacen su recorrido de forma lineal, sin apenas sobresaltos, sin apenas lágrimas que no formen parte de un capricho o una banalidad, vidas que parecen programadas desde antes del nacimiento para ser “las elegidas para el triunfo”.

Hay vidas al límite, que desde la infancia disfrutan rozando el ying y el yang y que cuando por un instante se relajan se vuelven a activar en busca de adrenalina.

Hay vidas tristes en vida, que se conforman con dejar pasar los días.

Hay vidas luchadoras, que a pesar de nacer entre metralla y bombardeos, son vividas cada día como si fuera el último, pues tal vez hoy, lo sea.

Vidas ajenas, generosas, egoístas, largas, cortas, aburridas, excesivas…y en todas y cada una de ellas siempre hay un momento en que mencionamos una palabra: in-justicia.

Ya sea a favor o en contra nuestra, buscada o encontrada, divina, penal o social, esa palabra nos persigue y, en muchas ocasiones, intentamos encontrar una razón por la que vida nos regala una dosis de in-justicia.

Puede que sea porque seguimos convencidos de que la vida es justa y algo hemos malo hemos hecho para merecernos lo que, a priori, no debería estar ocurriendo.

Si la vida fuese justa las noticias de las 21:00 serían como ver Barrio Sésamo.

Si la vida fuese justa no habría muros y escopetas donde antes había limoneros.

Si la vida fuese justa no existirían muchas de las palabras que hacen daño solo al oírlas.

No hemos de sentirnos responsables de todo lo malo que nos ocurre, ya que, en muchas ocasiones no lo somos y solo nos queda olvidar que la palabra Justicia existe (hoy por hoy incluso en los tribunales) y vivir nuestra vida generosa, triste, larga, corta, imprevisible, lineal…sonriendo por haber superado cada reto inesperado e in-justo.

Si la vida fuese justa hoy no habría escrito esto para vosotras dos.

Postdata: os quiero